viernes, 25 de julio de 2014

Chiyó


Cuando llegamos a Chiyó encontré con una escuela pintada de blanco y llena de ventanas, me sorprendió y me alegré muchísimo por los niños de esta comunidad, esa primera impresión cambió radicalmente cuando empezó a llover y a entrar agua por las numerosas ventanas, entonces pensé que la escuela sería la misma durante los meses de invierno y empecé a preocuparme porque aquellas ventanas ni siquiera tenían cristal.  A pesar de todo esto en Chiyó me encontré con un educador, Don Manuel, que está realizando una labor extraordinaria con los niños de ésta aldea, compartimos experiencias e impresiones, estuve viendo como trabajaba con los niños y luego llego mi turno, fue muy bonito y enriquecedor conocer a alguien con la dedicación de este educador, sobre todo cuando me enteré de que realizaba su trabajo por sólo 50 quetzales al mes, es decir, alrededor de 5 euros. Los niños de Chiyó,  así como sus madres encantadores.










Dos de las madres de los niños preparando la merienda mientras sus hijos jugaban



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