A pesar de las condiciones de vida de estos niños tengo que decir que la alegría que transmiten ante cualquier actividad que se les propone es inmensa.
Cuando llego a una comunidad y veo niños descalzos, desnutridos, escuelas oscuras, sin ventanas ni luz eléctrica, el primer sentimiento que me llena es la tristeza y tengo que reconocer que me cuesta una gran esfuerzo no echarme a llorar, pero inmediatamente cuando los niños empiezan a acercarse a mi, a cogerme de la mano, acariciarme el pelo y colgarse de los bolsillos de mis pantalones el sentimiento cambia radicalmente. ¿ Como es posible que puedan darme tanto con solo una sonrisa? y yo que creía que iba a dibujar sonrisas, resulta que son ellos los que las están dibujado en mi, son ellos los que superan todo lo que les rodea para darme lo mejor que tienen, su alegría.

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Cuando llegamos a Sexucti y nos disponíamos a comer un bocadillo la madre de estos niños se acercó a nosotros para decirnos que fuésemos a comer a su casa, nos ofreció unos platos de arroz con verduras y un trocito de carne, los niños se sentaron en la cama y nos miraban mientras comíamos. Tengo la impresión de que estos niños se quedaron sin comer por nosotros, pero hubiese sido una ofensa enorme haberlo rechazado, por lo que nos sentamos en su mesa y nos comimos su comida. No sé si estaba bueno o malo solo sé que me costó mucho tragar aquel sencillo plato.
Puede que nosotros formemos parte de una sociedad más avanzada y desarrollada , más preparada a nivel académico, con mejores condiciones de vida pero tenemos mucho que aprender de este pueblo en cuanto a humanidad, generosidad y hospitalidad se refiere.















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